Por: Sara Galindo
Soy Whaleska Lima, me gusta que me digan Whale; todo el mundo me conoce así. Si me dicen Whaleska siento que es algo más serio. Soy ingeniera industrial y bombera. Llevo 13 años siendo bombera, y ha sido una de las lindas experiencias que he tenido en mi vida.
Al graduarme, a los 16 años, mi prioridad era trabajar. Luego, al estudiar en la universidad, siempre me catalogué como una trabajadora que estudiaba, y no como una estudiante que trabajaba. Siempre me ha gustado hacer cosas distintas. Estaba en el último año de universidad, y me preguntaba: ¿Y ahora qué más hay? ¿Qué otras cosas puedo hacer?
Les comenté a unos amigos de la universidad que tenía ganas de hacer algo distinto, algo que me haga sentir diferente. Entonces, un amigo que en ese tiempo era bombero me dijo: “¿Por qué no se inscribe a los bomberos voluntarios?”. Ni siquiera sabía que existía; es algo común que a veces no notamos.
Mi compañero me motivó diciendo que ayudar a la gente era algo muy bonito. En ese momento, yo no lo veía de esa manera. Yo buscaba algo nuevo que aprender, que no fuera algo común, que me evaluaran y me demostrara que era buena en ello. Ahora me doy cuenta que era un pensamiento un poco egocéntrico. Pero un día vi en las noticias que los bomberos habían hecho un rescate. Fue entonces cuando realmente los noté, cuando me di cuenta de que existían, porque antes no estaban en mi radar.
Siempre me ha gustado hacer cosas distintas, y esto me motivó a inscribirme en los bomberos voluntarios. Y puedo decir que ha sido una de las mejores decisiones de mi vida. He aprendido muchas cosas que nunca pensé que haría. Fueron 10 meses de entrenamiento, en los que aprendí mucho y cumplí mi meta.
Tengo la dicha de estar en una compañía bonita, la 100 Compañía de Bomberos Voluntarios. A medida que uno se involucra más, tiene la oportunidad de aprender muchas cosas importantes. Pude aprender lo esencial para poder cuidar a mi abuelita cuando estaba enferma. El servicio que se da, va dejando enseñanzas y mucha satisfacción. Es como que se va llenando un vasito.
La necesidad de aprender más seguía en mí, estudié una especialización de paramédico, alrededor de 5 años de estudio. Hoy, recuerdo que en mi examen vocacional de la universidad las opciones fueron ingeniería, medicina y arquitectura. Ahora entiendo por qué medicina fue una de los resultados. También soy brigadista de rescate.
He conocido a muchas personas y he viajado a varios países gracias a los bomberos voluntarios. En el 2018, participé en una competencia centroamericana en Costa Rica. Gané el segundo lugar, pero la preparación y el entrenamiento fueron realmente estresantes. Estaba nerviosa por cómo lo iba a hacer. Padezco de soriasis y, en ese momento, sufrí un brote debido al nivel de estrés que estaba manejando.
En esos momentos, se acercó el comandante, y me dijo: “Yo no quiero medallas; lo que quiero es que vayas y que demuestres lo que ya sabes”. Esto me dio tranquilidad, ya pude manejarlo de una mejor manera.
Para clasificar en esta competencia, nos hicieron una convocatoria para una preclasificación. Antes de esto, comenzamos a entrenar. Cuando se realizó la preclasificación yo sentí que no me fue bien, pero aun así fui la elegida para representar a Guatemala. La respuesta que recibí fue: “No tuviste el mejor tiempo; sin embargo, no me sirve de nada enviar a alguien que tuvo un mejor tiempo que tú si, al regresar, va a mirar por encima del hombro a las demás mujeres. Necesito que alguien vaya y que, cuando vuelva, pueda compartir y ser humilde para trasladar el conocimiento a los demás”.
Yo le pedí a Dios: “Dame la oportunidad. De verdad lo quiero hacer y lo quiero hacer bien. Quiero honrar a mis papás. Si yo me voy a Costa Rica, veré cómo le hago, pero me los llevo a ellos”. Por primera vez, se subieron a un avión al acompañarme a la competencia. Hacer algo por mis papás, que ellos dan la vida por mí, es algo tan impresionante. El hecho de ver a mis papás allí fue tan motivante.
También tuve la oportunidad de viajar a otros países, como Portugal y Estados Unidos, para entrenamientos. Nosotros debíamos financiar nuestros viajes. Realizamos diferentes actividades para recaudar fondos y poder asistir a los entrenamientos. Al conocer a bomberos voluntarios de otros países, me di cuenta de que todos tienen el mismo corazón. Todos buscan la misma oportunidad de ayudar y llenar el vasito.
Me encanta hacer amigos y platicar; creo que todo esto sigue llenando mi vasito. Ya no se trata solo de la satisfacción de ir a un servicio o de ser bombera, sino de cada una de las personas que conoces, de las cosas que aprendes, de las risas que compartes y de todo lo que vives, que va llenando tu vasito.
He sido jefa de mi compañía, he dado clases en la Escuela Nacional de Bomberos Voluntarios y he preparado cursos para asensos. Allí conocí a quién ahora es mi esposo, y ahora voy a tener un bebé. Todos dicen que va a ser el chinchín de la compañía. Todo el amor que rodea esta experiencia va llenando mi vasito.
Ahora que estoy esperando un bebé, sigo buscando en qué puedo ayudar. Ya no salgo en ambulancias, pero contesto el teléfono. Todas las partes son fundamentales para hacer un buen servicio.
Todos se sorprendieron cuando decidí ser bombera, especialmente mi familia. En el camino, encuentras gente que te apoya y gente que no. Es importante superar el miedo a hacer las cosas, disfrutar al hacerlas, desear experimentar cosas diferentes y entender que, aunque tal vez no sea fácil, sí es posible. Todo es aprendizaje.