Por Cristhian Lucero
La vida de Miguel Sian, un niño de 13 años, dio un giro inesperado y trágico el 5 de marzo de 2024, cuando fue atropellado por una camioneta en Asunción Chivoc, San Juan Sacatepéquez.
El accidente ocurrió cerca de la terminal de autobuses en Loma 3, caserío Chivoc, una zona rural donde las familias conviven con dificultades económicas y limitaciones de acceso a servicios de salud.
Miguel estuvo entre la vida y la muerte durante semanas, rodeado por el constante cuidado de los médicos, pero también por la angustia de su madre, Marta Sian. Ella ha sido su principal apoyo durante todo el proceso de recuperación, enfrentando no solo la devastación emocional de ver a su hijo herido de esa manera, sino también el desafío económico de mantenerlo bajo tratamiento.
La familia Iquic Sian vive en condiciones de extrema humildad en la aldea Asunción Chivoc, una comunidad donde las oportunidades laborales y los ingresos son escasos, y donde cada gasto extra representa un sacrificio inmenso.
A sus 14 años, Miguel ha tenido que adaptarse a una nueva realidad. Las secuelas del accidente no solo lo dejaron físicamente limitado, sino también enfrentando el reto de seguir adelante sin los recursos necesarios para su rehabilitación completa.
Su madre, Marta, ha asumido la responsabilidad de trasladarlo dos veces al mes al hospital para sus citas médicas y terapias. Cada viaje tiene un costo de 350 quetzales, una cifra inalcanzable para la familia, que depende del apoyo de vecinos y amigos para cubrir los gastos.
Además de los traslados, Miguel requiere una vacuna mensual que cuesta 320 quetzales, debido a la amputación de uno de sus testículos, lo que ha agregado una carga financiera aún mayor.
Marta compartió lo difícil que ha sido mantener el tratamiento de su hijo. “Necesito apoyo para llevar a mi hijo al hospital, porque es un gasto grande”, explica con resignación. “Me voy cada dos veces al mes, y aunque hay hermanos que me ayudan, no siempre alcanza para todo lo que necesita.
Mi hijo toma leche especial y comida que no podemos costear fácilmente. Es muy difícil para mí, pero estoy alegre porque mi hijo sigue con vida, y eso es lo más importante”, cuenta, aferrándose a la esperanza de ver a Miguel recuperarse lo mejor posible.
Marta, que también cuida a otros hijos, lucha por sacar adelante a toda su familia, pero las complicaciones de salud de Miguel requieren una atención constante.
Miguel, por su parte, se enfrenta a un futuro incierto, pero no ha perdido su espíritu alegre. A pesar de las dificultades, sigue siendo un niño lleno de vida, que sueña con superar las barreras que le ha impuesto el accidente. “Yo soy alegre, me gusta leer y jugar”, dijo Miguel, explicando que, aunque ya no puede caminar, disfruta de sus pasatiempos sentado. “Juego así sentado, porque no me puedo parar”, comenta, mostrando su deseo de continuar con una vida lo más normal posible.
El proceso de recuperación ha sido largo y duro, pero las terapias que ha recibido han sido un pilar fundamental en su avance. Sin embargo, la familia necesita más ayuda para que Miguel pueda seguir recibiendo las atenciones médicas necesarias.
Cada traslado, cada medicamento, cada sesión de terapia es un reto económico para Marta, que, a pesar de su gran fortaleza y dedicación, no puede hacerlo sola.
Hoy, tanto Miguel como su madre Marta hacen un llamado a todas aquellas personas que deseen ayudarlos en esta difícil situación.
Quienes deseen apoyar pueden hacerlo contactando a Marta Sian, la madre de Miguel, al número 3192-4749. Cada contribución, por pequeña que sea, puede marcar una diferencia enorme en la vida de este joven que, a pesar de las adversidades, sigue luchando por recuperar su salud y mantener su espíritu alegre.
La familia necesita ayuda urgente para cubrir los costos de los traslados, medicamentos y alimentos que Miguel requiere para seguir su proceso de recuperación.


