En un pequeño apartamento en la zona 2 de Mixco, Yanira Miguel, de 23 años, aguarda la llegada de su primer hijo. Su felicidad se ve empañada por la incertidumbre laboral que enfrenta junto a otros 26 empleados del call center Alcentra, que desapareció repentinamente de la noche a la mañana.
Yanira estaba en su casa, bebiendo agua con mucho hielo, su antojo más grande durante el embarazo. Mientras el sonido del hielo chocaba contra el vaso, su voz reflejaba una mezcla de angustia y esperanza. "No sé cómo vamos a salir de esto", decía, acariciando su barriguita, ansiosa por la llegada de su bebé.
Yanira, quien había comenzado a trabajar en Alcentra hace un año y medio, se siente atrapada. Aunque su novio, Selvin Chaly, trabaja como mecánico, sus ingresos apenas logran cubrir los gastos del hogar, especialmente ahora que la llegada del bebé se acerca.
Alcentra, que prometía ser una oportunidad de crecimiento y estabilidad, dejó a sus empleados en la incertidumbre tras su repentina desaparición el 15 de agosto de 2024. Esa noche, los dueños estadounidenses de la empresa se llevaron computadoras y equipos, dejando a los trabajadores sin aviso.
Al día siguiente, Yanira y sus compañeros encontraron las puertas cerradas. La representante legal en Guatemala, Cindy Cortez, se desentendió del asunto, ofreciendo solo $50 como indemnización, un insulto para quienes habían dedicado su esfuerzo y tiempo a la empresa.
El Ministerio de Trabajo de Guatemala establece en su artículo 85 que todo trabajador tiene derecho a una indemnización justa en caso de despido injustificado. Sin embargo, Yanira y sus colegas enfrentan un sistema que parece estar en su contra, mientras intentan hacer valer sus derechos.
Con el inminente parto de Yanira en octubre, la presión se intensifica. La angustia de no encontrar trabajo por su embarazo la consume, y cada día que pasa es una lucha por la supervivencia. La realidad de recibir una compensación tan baja es devastadora. "Es como si no les importara lo que estamos pasando", comparte Yanira, sus ojos reflejando el desánimo.
Yanira Miguel en su habitación
A medida que se acerca la llegada de su hijo, Yanira se aferra a la esperanza. A pesar de las adversidades, ella y sus compañeros están decididos a luchar por sus derechos. La comunidad y organizaciones locales comienzan a unirse en apoyo, levantando sus voces en favor de los trabajadores y buscando justicia.
La historia de Yanira es un recordatorio de la fragilidad de los sueños en tiempos de crisis. En un país donde la inestabilidad laboral es común, su valentía y determinación podrían ser la chispa que inspire un cambio necesario en la protección de los derechos de los trabajadores.