Por: Kenneth Jordan
En las calles de Santa Inés Petapa se encuentra “El payaso risitas”, Julio Lemus dedicó gran parte de su vida al servicio comunitario como bombero voluntario. Tras su retiro forzado por la edad y problemas de salud, se ha reinventado en un nuevo rol: vendiendo dulces en la carretera mientras mantiene las sonrisas de los niños .
Desde el 2020, tras haber dejado atrás su tiempo como bombero voluntario, se dedicó a vender bombones en el puente La Unión, entre Santa Inés Petapa y Villa Canales. Allí, con su atuendo colorido y su corazón abierto, agradecía a Dios por cada día que le permitía llevar el sustento a su hogar, aunque fuese con una simple sonrisa y un dulce en la mano.
"Los niños de la escuela me conocen", decía. "Les gusta la imagen del payasito, y con eso seguimos adelante". Sin embargo, su vida no siempre fue tan simple. Veinticuatro años de servicio en la institución de bomberos voluntarios en Villa Canales lo marcaron de maneras profundas. Su travesía comenzó mucho antes, con un accidente que transformó su vida para siempre.
"Veníamos del entierro de mi abuelito cuando ocurrió un accidente en la Vuelta del Diablo. Estuve 15 días en coma. Cuando desperté, mi madre y mi hermanita ya habían fallecido". Fue ese dolor lo que encendió en él el deseo de servir a los demás, y así se unió a los bomberos, donde vivió momentos que nunca olvidaría.
Recuerda con claridad los momentos más duros: accidentes, rescates, el caos del estadio donde murieron decenas de personas, y la inmensa tragedia de encontrar cuerpos en los ríos. "Uno no olvida esas cosas, siempre las lleva en la mente", decía con tristeza. Pero su dedicación no se basaba en el uniforme que usaba, sino en el corazón y el deseo de ayudar. "El rescatista no lo hace el uniforme, lo lleva uno en la sangre".
El año 2019 marcó el fin de su tiempo como bombero debido a problemas de salud. A partir de entonces, empezó a vender bombones, una transición dura y desafiante. "Cuando andas en una institución, la gente te respeta, pero después... ya no te conocen". A pesar de las dificultades, Julio nunca perdió la fe, ni dejó de agradecer por cada día. "Dios me ha sacado adelante", decía, sabiendo que aunque las ganancias fueran pocas, alcanzaban para los frijoles de la casa.
Los niños lo adoraban, y él, como payasito y Santa Claus durante la temporada navideña, siempre encontraba una manera de hacerles sonreír. "Ellos son el futuro", decía con orgullo, mientras los pequeños tocaban su barba natural con asombro.
No obstante, no todo era risa. Julio enfrentó agresiones y accidentes mientras vendía dulces. En octubre de 2022, un auto lo atropelló y lo dejó con el tobillo fracturado, lo que le valió cinco tornillos en el pie y una larga recuperación. A pesar de todo, continuaba vendiendo dulces, enfrentando insultos de personas que no comprendían su lucha. "Es duro, pero como dicen, hay que seguir adelante".
Su familia lo apoyaba, pero Julio prefería ganarse sus propios centavos antes que pedirles ayuda. "Prefiero estar aquí vendiendo y tener lo mío", comentaba con humildad, siempre consciente de los compromisos de sus hijos.
La vida lo había puesto en situaciones difíciles, pero también le había dado el don de hacer reír, de consolar y de servir. Julio Ajmed Lemus Morales, el payasito risitas, seguía ahí, de pie, en la ruta del puente de la unión, con una bolsa de bombones y una historia que jamás se olvidaría.