Por: Jimena Mancilla
“Tenía 22 años
cuando tuve que sacar a mi familia adelante. Entendí que si no lo hacía yo, nadie
más lo haría”, relató José Rodrigo Castellanos, un joven ingeniero que durante
la pandemia del Covid-19, se convirtió en el principal sustento económico y
emocional de su madre y de su hermana menor.
Su hogar es el reflejo
de su sencillez y fortaleza. Las paredes, aunque un poco desgastadas, están decoradas
con fotografías y frases motivacionales. “Mi mamá era maestra, así que todo eso
es parte de su arte”, expresó. Sentado en un banco de la pequeña cocina, y con
gestos de cansancio, empezó a narrar la forma en la que el confinamiento cambió
su vida de un día para otro.
A principios del
año 2021, su padre Luis, se vio en la necesidad de viajar a Estados Unidos para
buscar un trabajo que le permitiera mantener a su familia. Siempre había
trabajado como transportista para varias empresas, así que cuando se frenó la
economía en el país, perdió todas sus fuentes de ingreso. “Mi mamá había
cerrado su colegio justo unos meses antes, por lo que tampoco estaba ganando dinero”,
agregó.
Según la
Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asies), durante el avance de la
pandemia, Guatemala experimentó la pérdida de 60 mil 939 empleos en comparación
con el año 2019; y dejó de generar 17 mil 400 nuevos puestos de trabajo que
estaban previstos.
Para David
Casasola, analista del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN),
la crisis económica que ya se había acumulado antes de la pandemia,
caracterizada por un déficit de 3.2 millones de puestos de trabajo, complicó
aún más la recuperación del empleo formal y tuvo un impacto directo en la
calidad de vida de los trabajadores.
José recuerda
que lo que más influyó en la decisión de su padre, fue el día en que les
cortaron la luz. La penumbra que invadió su casa simbolizaba más que una simple
falta de pago, pues las deudas que los habían acarreado durante todo un año, ya
no les permitían vivir con dignidad.
Luis pudo viajar
en avión gracias a un préstamo que le hizo su hermana. Se estableció en la casa
de uno de sus primos en el estado de Virginia, y rápidamente, comenzó a
trabajar de diversas ocupaciones. A lo largo de ese año, la situación mejoró: mientras
él enviaba dinero con regularidad, la familia se encargaba de hacer los pagos
correspondientes.
Nadie esperaba
que la tranquilidad que habían logrado construir, se vería interrumpida por un
miedo profundo. De un momento a otro, Luis dejó de comunicarse con ellos. No
respondía los mensajes, y las llamadas ni siquiera le ingresaban a su teléfono.
Los pensamientos giraban en torno a las razones de su ausencia y a la falta de
dinero que crecía con el tiempo.
“Fue un momento
aterrador; pensé incluso que se había muerto. Ante la desesperación de mi mamá,
decidimos tratar de contactar a los familiares que supuestamente vivían con él.
Ellos nos aseguraron que estaba bien, pero que, por razones de seguridad, no iba
a poder hablar con nosotros durante un buen tiempo”, relató José, con una gran
preocupación todavía reflejada en su rostro.
Desde ese
momento, él tuvo que asumir la carga de la responsabilidad familiar. Aunque aún
no había terminado su carrera, las circunstancias lo empujaron a encontrar un
trabajo mucho mejor. Su asesor de tesis, consciente de la situación difícil que
atravesaba, le consiguió una especie de pasantía en el Instituto Nacional de
Electrificación (INDE), brindándole una oportunidad para generar ingresos.
El sueldo apenas
alcanzaba para lo más esencial, pero con esfuerzo y dedicación, José se las
ingeniaba para priorizar los gastos. Lo más importante para él era asegurarse
de que su hermana menor no interrumpiera sus estudios; por lo que se
comprometió a cubrir las colegiaturas y otros gastos relacionados con su
educación, incluso si eso significaba sacrificar algunas necesidades propias.
“Mi hermana cayó
en una depresión muy fuerte. No comía, no salía de su cuarto, y apenas hablaba
con nosotros. Además de preocuparme por los gastos, también tenía que estar al
pendiente de su bienestar y asegurarme de que recibiera el apoyo necesario”,
agregó.
Durante un año
completo, la situación se mantuvo sin cambios. En ese tiempo, la familia sufrió
pérdidas importantes, como la de su casa y la de su carro. Ya habían perdido la
esperanza de volver a ver a Luis, hasta que exactamente el 31 de diciembre del 2023,
reapareció. No dio explicaciones sobre su desaparición; simplemente prometió
que volvería a hacerse cargo de los gastos.
Actualmente,
José continúa siendo el principal responsable de los pagos en el hogar, pero al
menos cuenta con una ayuda adicional de su padre. Se logró graduar de ingeniero
mecánico eléctrico y ahora trabaja en una empresa llamada Siemens, en la que
gana un muy buen sueldo. Su relación con Luis quedó un poco afectada, pero su
madre y su hermana siguen siendo su “vida entera”.