Aldair Marroquin Aldair Marroquin Author
Title: Caída en el camino: Sobrevivir a las heridas del asfalto y el rechazo
Author: Aldair Marroquin
Rating 5 of 5 Des:
Por Aldair Marroquin  Mi nombre es Nayer de la Cruz, tengo 23 años, y mi vida ha sido una lucha constante. Desde niño, asumí responsabilidad...


Por Aldair Marroquin 

Mi nombre es Nayer de la Cruz, tengo 23 años, y mi vida ha sido una lucha constante. Desde niño, asumí responsabilidades cuidando a mis hermanos en ausencia de mis padres. A pesar de todo, logré independizarme con un trabajo en el aeropuerto revisando equipajes y compré una moto, símbolo de mi esfuerzo y libertad. Sin embargo, esa misma moto cambió mi vida por completo.


Después de visitar a una amiga, mientras regresaba, otro motorista se cruzó en mi camino y chocamos brutalmente. Recuerdo caerme, intenté ayudar al otro motorista, pero me desmayé y desperté en el hospital con el cráneo fracturado y el ojo izquierdo golpeado. Aunque necesitaba una operación urgente, decidí salir por mi cuenta, pensando que me recuperaría, pero el accidente dejó secuelas graves que aún me afectan.



A los dos días tuve que regresar al hospital porque tenía coágulos de sangre en la cabeza y los doctores tuvieron que operarme. Mi ojo izquierdo quedó dañado, y a menudo lo tengo rojo e hinchado. A consecuencia del accidente, perdí mi trabajo y cualquier posibilidad de costear un tratamiento adecuado porque necesito otra operación para que mi ojo y parte de mi cráneo estén mejor.


La moto, que representaba mi esperanza de seguir trabajando, fue robada cuando se la presté a un amigo. Él la llevó a la zona 18, un lugar peligroso de la capital. Por cámaras cercanas al lugar, vi que dejó la moto en la calle mientras entraba a la casa de su novia. A los 10 minutos, dos hombres llegaron y se la robaron. A pesar de buscarla y reportarla como robada, nunca la recuperé. Con eso, no solo perdí una herramienta de trabajo, sino también una oportunidad de mejorar mi situación.

Mi historia no es la única. En Guatemala, los accidentes de motocicleta son una realidad cotidiana. Según estadísticas del Departamento de Tránsito de la Policía Nacional Civil, casi cuatro guatemaltecos mueren cada día por este tipo de accidentes, y solo en 2023, ocurrieron más de 5 mil 797 hechos de tránsito de motoristas. Hasta enero de 2024, había 2 millones 490 mil 206 motocicletas registradas en el país, lo que refleja el creciente número de personas que dependen de este medio de transporte.

Pero mi lucha no terminó ahí. Después del accidente, intenté encontrar trabajo, pero en cada lugar al que iba me rechazaban. Mi descendencia afromericanal siempre fue un motivo de discriminación y racismo, pero ahora también mi condición de salud se había convertido en un obstáculo. Las empresas no querían asumir la responsabilidad de contratar a alguien con secuelas de un accidente tan grave.

Pasé meses sin empleo, sin más opciones tuve que regresar a vivir con mi tía y cuidar a mis dos pequeños hermanos. Al pasar mucho tiempo sin encontrar un empleo ella terminó echándome de la casa y me quedé en la calle, sin mis pertenencias ni un lugar al que ir. Dormí en parques y en la calle, hasta que un amigo de la iglesia me ofreció un pequeño local donde podía quedarme. A pesar de todo, nunca perdí la esperanza.

La realidad que enfrentamos los motoristas en Guatemala va más allá del accidente mismo. El Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) reporta que, cada año, se suman 3 mil nuevos casos de accidentes en motocicleta. Cada día, se atiende a un promedio de 200 pacientes, de los cuales 70 son motoristas, y al menos 30 requieren hospitalización para someterse a cirugías.





Después de momentos difíciles, unos amigos de la iglesia me ofrecieron un lugar donde vivir. Antes, lavaba carros y hacía pequeños trabajos para ganar dinero. Con su apoyo, encontré un trabajo estable en una tienda de accesorios para carro, lo que me ayudó a recuperar algo de estabilidad.

Mi historia refleja la realidad de muchos motoristas en Guatemala, quienes enfrentamos no solo el peligro en las calles, sino también el estigma y la falta de apoyo. A pesar de las cicatrices físicas y emocionales, sigo luchando por recuperar mi salud y salir adelante.


Especial

Nacionales

Internacionales

Deportes

 
Top