Rodando y rebotando: una nueva vida en el deporte
Por: Néstor Aguilar
Entrar a una cancha de básquetbol es algo, quizás un poco inusual para la mayoría de guatemaltecos, considerando que el deporte más popular es el fútbol. Sin embargo, la mayoría hemos tenido la oportunidad de visitar alguna.
La plancha de cemento recubierta con epoxi para brindar cualidades de tipo deportivo, las figuras que delimitan los dos lados de la cancha y el centro de esta, las canastas en los extremos, todo rodeado por los graderíos, en los que los espectadores se acomodan para apoyar a su equipo favorito, son los elementos básicos que encontramos al entrar en las canchas de este deporte.
Los inicios
Inventado en 1891 por un profesor canadiense que enseñaba en la YMCA de Springfield, Massachusetts, Estados Unidos. El básquetbol ganó rápidamente popularidad y se expandió por las universidades y colegios del país norteamericano, llegando a convertirse en deporte olímpico en los juegos de San Luis en 1904.
Junto a otras 21 disciplinas deportivas, se harían adaptaciones a lo largo del tiempo, necesarias para permitir la participación de personas con algún tipo de discapacidad. La necesidad de rehabilitación en ex jugadores estadounidenses de baloncesto, quiénes habrían sufrido lesiones por causa de su servicio en la II Guerra Mundial, y quiénes tenían la necesidad de seguir con la práctica de algún deporte, llevó a Ludwig Guttman, en la década de 1940, a realizar una adaptación de este deporte a personas que dependían de una silla de ruedas para su movilidad.
El protagonista de nuestra historia
Es domingo por la mañana, a pesar del intenso calor, las personas han llegado al parque Erick Barrondo, ya sea por el gusto de hacer ejercicio o por compartir con la familia antes de que llegue el lunes y todos vuelvan a sus diferentes obligaciones. Voy acercándome al domo en el que se practica el básquetbol, se puede escuchar la pelota rebotar y el clásico gorgorito que da las indicaciones. Al entrar, hay un grupo de jugadores, reunidos en círculo recibiendo instrucciones, todos en sus sillas de ruedas, sillas que se ven bastante distintas a las que usualmente vemos en la calle o en un hospital.
Con el número 3 en la camiseta, se encuentra Alan, un joven bastante hábil en la cancha, destaca por su agilidad y velocidad al momento de manipular su silla de ruedas.
Alan Monzón, es un mago, apasionado por el básquetbol y a quien a los 26 años los médicos le darían la noticia de la presencia de un tumor en su columna vertebral, tumor que lo llevaría por mi primera vez, a recibir rehabilitación en el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social.
Los tumores al nivel de la columna vertebral pueden irritar los nervios de la columna, lo cual a su vez, puede manifestarse en pérdida de sensibilidad, movilidad y fallos en el funcionamiento de órganos vitales para el cuerpo.
Luego de aproximadamente un año de recibir terapias debido al tumor, la debilidad en sus piernas lo hizo caer por las escaleras del edificio en el que trabajaba, provocando una lesión aún mayor que lo obligaría al uso de silla de ruedas.
Corría el año 2020, la pandemia del Covid 19 obligaba al mundo a un encierro casi total. Alan debía volver a tomar terapias, pero esta vez con la dificultad de hacerlo de manera virtual. A través de una cámara, los fisioterapeutas del IGSS le daban instrucciones de los diferentes ejercicios que debía realizar. Pasaría al menos un año bajo esta modalidad, hasta que en el año 2021 inicio con fisioterapia de manera presencial.
Desde niño Alan desarrolló el gusto por la magia y el deporte, principalmente el básquetbol, en la actualidad Alan se presenta como mago en diferentes eventos y participa como jugador de básquetbol adaptado a silla de ruedas, incluso teniendo la oportunidad de representar a Guatemala en el “Torneo Nacional de Baloncesto en Silla de Ruedas” en San Salvador, El Salvador.
“Ha sido una situación muy difícil y un reto, el poder aprender a dominar la silla de ruedas para poder dar lo mejor de mí en la cancha”.
Alan está seguro que la práctica del deporte le ha dado habilidades extras, para el correcto manejo de su silla, y más importante aún, el gusto por la vida y la satisfacción de enfrentar sus propios miedos. La pasión por la práctica del deporte hace que Alan utilice sus propios recursos, tanto para sus implementos deportivos, como para el financiamiento semanal necesario para cumplir con sus entrenamientos semanales.