Por Fabrizio Hernández
En una pequeña oficina, rodeado de libros y herramientas tecnológicas, Gabriel Escobar trabaja con la misma pasión que lo ha impulsado desde niño. El ambiente está iluminado con una lámpara de luz blanca, una de sus compañeras constantes que le permite descifrar las letras que el tiempo le ha ido robando.
Gabriel Escobar es Licenciado en Ciencia Política, a sus 35 años su ceguera total no ha sido un obstáculo para seguir adelante; al contrario, le ha ido mostrando caminos inesperados que lo han llevado a dedicarse al ámbito académico y a la defensa de los derechos de personas con discapacidad.
Con una voz firme y orgullo, Escobar mencionó que nació en San Rafael Pie de la Cuesta, San Marcos, un municipio rural de Guatemala donde las actividades cotidianas giraban en torno a la naturaleza y la convivencia comunitaria. Durante su infancia, corría por los campos, subía a los árboles y jugaba al fútbol con sus amigos.
Desde los 7 años, sus padres notaron que tropezaba con frecuencia. Con el tiempo, los problemas para ver en la oscuridad se hicieron evidentes, y finalmente fue diagnosticado con retinitis pigmentaria. Según la Academia Americana de Oftalmología, esta enfermedad es un grupo de problemas oculares que afectan a la retina. Esta condición cambia cómo la retina responde a la luz y dificulta la visión.
"Cuando era pequeño, confundía los colores. Miraba un carro verde, y luego me decían que era azul", recordó Escobar con una sonrisa. A pesar de los desafíos visuales, su niñez fue plena y feliz, participando en actividades normales junto a sus amigos. Al llegar a la adolescencia, su visión comenzó a reducirse significativamente, y en sexto primaria ya necesitaba sentarse en la primera fila para distinguir el pizarrón. Aun así, eso no le impidió soñar con un futuro profesional.
En la etapa de nivel medio, Escobar estudió Perito Contador y Computación, con la intención de seguir una carrera en Auditoría o Ingeniería Civil. A los 20 años, su visión disminuyó abruptamente, lo que lo llevó a replantear su camino. Fue entonces que decidió mudarse a la Ciudad de Guatemala para iniciar un proceso de rehabilitación visual.
Durante ese tiempo, conoció a muchas personas que no podían ver en absoluto. "No me desmotivé, porque a los 21 años conocí a una chica de 15 años que no miraba nada, yo al menos miraba un poco, entonces me reía de la vida. Otro amigo de 60 años tampoco podía ver, eso me dejó claro que yo tenía una vida por delante". Fue entonces cuando se interesó por la Ciencia Política y el trabajo en pro de la inclusión.
El apoyo de su familia fue crucial en cada paso. Su padre dejó su trabajo temporalmente para acompañarlo durante las primeras semanas de rehabilitación, mientras que su madre, a pesar de la tristeza de verlo partir del hogar, siempre estuvo al pendiente de su progreso. Durante sus estudios universitarios, amigos y compañeros leían los textos que él no podía distinguir y le ayudaban a transitar por los pasillos oscuros de la facultad.
La tecnología ha sido un aliado esencial en su vida académica y laboral. Desde la digitalización de libros en braille hasta el uso de lectores de pantalla, ha encontrado soluciones que le permiten acceder al conocimiento. "Trabajo con mi computadora y un lector de pantalla; no necesito más", comentó Escobar con firmeza. Reconoce que aún existen barreras importantes para las personas con discapacidad, especialmente en lo que respecta a la accesibilidad digital y la inclusión en el mercado laboral.
Escobar añadió que se necesitan tres elementos esenciales: voluntad política, inclusión y accesibilidad física. Para él, estas son las claves para que la sociedad avance hacia una verdadera igualdad de oportunidades.
Hoy, Escobar se ha consolidado como un investigador en ciencias sociales y docente en temas de políticas públicas y metodología. Ha trabajado en la transcripción braille en el Benemérito Comité Pro-Ciegos y Sordos de Guatemala, y ha desarrollado investigaciones sobre inclusión educativa y laboral. Además, es un apasionado del deporte, ya que participó en torneos de goalball. Según la Federación Española de Deportes para Ciegos (FEDC), el goalball es un deporte paralímpico creado específicamente para personas ciegas y con discapacidad visual, en el que participan dos equipos de tres jugadores cada uno. Esta práctica lo ha llevado a conocer distintos países de Centroamérica.
Con una actitud positiva frente a la vida, afirmó que no todas las barreras son físicas; muchas veces, la mayor limitación es la actitud de las personas. "Ellos y su vida, yo estoy feliz con la mía", dijo, mientras recuerdaba a personas que, aún con todas sus capacidades intactas, no logran encontrar su propósito. Para Escobar, la ceguera no ha sido un fin, sino el comienzo de una vida llena de aprendizajes y oportunidades. "Para mí todo era superficial", comentó, gracias a ello, aprendió a explotar el resto de sus sentidos, como el oído, la memoria, el tacto. “Los que me observan dicen que me veo bien, como cualquiera", divulgó Escobar.
Con objetivos puestos en el futuro, se imagina disfrutando de la naturaleza, enseñando ajedrez y explorando nuevas formas de aportar a la sociedad. "No todos los días llueve; cada día trae algo distinto y hay que afrontarlo con seguridad y dinamismo", mencionó. Gabriel Escobar es prueba viviente de que la oscuridad no puede apagar la luz interior.