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Title: Violencia Escolar en Primer Grado: Un Problema Latente que Requiere Atención Integral
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 Por: Andre  Zelada  En la actualidad, la violencia escolar sigue siendo una preocupación en el sistema educativo. En particular, en el saló...

 Por: Andre  Zelada 

En la actualidad, la violencia escolar sigue siendo una preocupación en el sistema educativo. En particular, en el salón de primero básico “A” de una institución educativa, varios maestros han compartido sus experiencias y perspectivas sobre la situación, revelando un panorama complejo que necesita intervención oportuna.


Blanca Victoria Vásquez Arabia, maestra de inglés, destaca que, aunque algunos alumnos muestran un comportamiento obediente, hay quienes requieren atención especial. Si bien no ha sido testigo directo de riñas, está consciente de que han ocurrido. “Cuando cuido recreo he visto que algunos se empujan, se golpean en la cabeza y en ese momento es cuando les llamó la atención, pero cuando es muy grave los llevo a dirección”, explica. Asimismo, señala que cualquier tipo de agresión debe ser motivo de suspensión, según lo estipulado por el reglamento de normas de convivencia del Ministerio de Educación.


Por su parte, Miriam Samayoa, maestra de matemáticas y ciencias, considera que la mayoría de los alumnos tiene un comportamiento aceptable, aunque algunos muestran actitudes problemáticas que ella califica como normales dentro de lo esperado para su edad. Al respecto, afirma: “He visto que entre ellos se golpean, y se manotean”, minimizando el impacto que estas acciones podrían tener si no se controlan a tiempo. Además, resalta que la administración del colegio ha brindado capacitaciones para lidiar con estas situaciones, lo cual es un paso positivo en la dirección correcta.

Por otro lado, Ángel Francisco Santos Salazar, maestro de arte visual y emprendimiento, tiene una perspectiva más relajada sobre el comportamiento de los estudiantes. En su opinión, lo que ha observado en el salón de primero básico “A” es “bastante normal” en comparación con su experiencia previa trabajando con pandilleros. Sin embargo, menciona que ha presenciado violencia verbal, como apodos y discriminación, destacando el caso de un niño de baja estatura que es frecuentemente objeto de burlas y ridiculización por parte de sus compañeros. “Para mí, ese es un tipo de violencia ya que pueden dañar con palabras y también con gestos”, reflexiona.

A pesar de las diferencias en la percepción de la gravedad del problema, los tres docentes coinciden en que las charlas de concientización podrían ser una herramienta efectiva para reducir la violencia escolar. Vásquez Arabia afirma que no solo el salón de primero básico “A”, sino todo el instituto necesita este tipo de intervenciones. Santos Salazar va más allá, señalando que no solo los niños, sino también los estudiantes mayores, como los graduandos, deben recibir orientación sobre el tema.

La violencia escolar no es un fenómeno aislado ni surge de la nada. De acuerdo con la psicóloga guatemalteca Marcela García (nombre de referencia), la violencia en las aulas a menudo tiene raíces en el hogar. “Muchos de los niños que muestran comportamientos violentos en la escuela vienen de hogares donde la violencia es parte de la dinámica familiar. Esto genera un ciclo de agresión que se reproduce en otros espacios, como el aula”, afirma García. En su opinión, la violencia escolar se desarrolla como una forma de expresión de frustraciones acumuladas, y es crucial abordar no solo las manifestaciones de violencia, sino también sus causas subyacentes.

García también resalta la importancia de la intervención temprana y el seguimiento constante para romper el ciclo de violencia. "Los niños necesitan aprender desde pequeños que la agresión no es una forma aceptable de resolver conflictos, y esto solo se logra con una educación integral que incluya tanto la formación académica como la emocional”, añade.

En conclusión, la violencia escolar en el salón de primero básico “A” es un reflejo de un problema más amplio que afecta a la sociedad guatemalteca en general. Las escuelas, como espacios de formación, juegan un papel fundamental en la prevención y erradicación de la violencia. Sin embargo, para que esto sea posible, es indispensable contar con el apoyo integral de la administración, los docentes, los padres de familia y especialistas en salud mental. Solo a través de un esfuerzo conjunto se podrá garantizar un ambiente seguro y propicio para el aprendizaje y desarrollo de los estudiantes. 


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